
El Ford Pinto, lanzado por la automotriz en el año 1968, era un auto compacto para los standares norteamericanos. Igualmente, sólo en el primer año se vendieron más de cuatrocientas mil unidades. Esto lo convirtió en un éxito al nivel de los Falcon y los Mustang, pero el Pinto escondía algo. Al poco tiempo de ser lanzado, los autos empezaron a explotar bastante seguido. Nadie se explicaba por que, hasta que comenzaron las investigaciones.
Lo que descubrieron es que había problemas en el diseño del tanque de nafta y que podía explotar con un choque menor, sobre todo si el auto tenía puesto el guiñe. Al parecer, el depósito de nafta estaba ubicado detrás del eje, de forma que si se producía un choque fuerte en la parte trasera existía la posibilidad de que el vehículo se incendiara.
Como si no fuera poco, la carrocería era muy frágil, con lo cual al chocar el auto se deformaba y las puertas quedaban bloqueadas, atrapando a sus ocupantes en un coche en llamas. La gente de Ford determinó que el problema podía resolverse poniéndo un escudo protector al tanque, pero la compañía decidió no hacerlo. ¿Por qué?
Al parecer Ford, en base al análisis de costo-beneficio, concluyó que sería más barato arreglar las disputas legales con los damnificados en vez de reparar el diseño. Este caso sentó la jurisprudencia según la cual el acusado puede excusarse si el costo de hacer un cambio en la producción es mayor que el beneficio social de ese cambio.
Después de esta clase magistral sobre economía, solo queda por informar que en nuestro país hay un Ford Pinto que recorre las calles de la capital. Así que si lo ven traten de no chocarlo, sobre todo sobre si tiene puesto el guiñe.
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